domingo, 30 de diciembre de 2012

Rupay. Luis Rossell, Alfredo Villar y Jesús Cossio

"Rupay es el ardor, el fuego, el calor. Rupay son historias de la violencia política vivida en Perú entre 1980 y 1984"

"Ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, torturas, masacres, violencia sexual, 69.280 víctimas, 23.000 sólo en Ayacucho, de cada 4 víctimas 3 fueron campesinos quechuablantes, peruanos anónimos desaparecidos, ignorados, ni políticos ni iglesia reconocieron responsabilidades, Perú 1980- 2000"

Se puede recomendar algo que hiere, que lastima, que con una furia inusitada penetra por nuestras pupilas, comprometiendo nuestro estómago, oprimiendo nuestro pecho, helándonos la sangre.
Afrimo, no sólo se puede: se debe.

Este año que termina, realicé dos lecturas tan difíciles como imprescindibles.  
Difíciles no por una cuestión formal o estilística, sino por el tenor del contenido; el poder y su efecto ineludible, la autoridad y las marcas en los cuerpos represaliados. 
El libro "Represión en Democracia" de María del Carmen Verdú, sobre la violencia y la violación a los DD. HH. los últimos 30 años en la Argentina.
Y este que hoy nos ocupa, "Rupay"  relato gráfico de los primero 4 años del conflicto interno entre el Estado peruano y el Partido Comunista- Sendero Luminoso, historieta a cargo de Luis Rossell, Alfredo Villar y Jesús Cossio. La mirada de los autores no concede y señala a los responsables de las atrocidades que nos narra, sean senderitas, militares o rondas campesinas. Y las víctimas, siempre las mismas,  "pobres", "índios", "serranos".  

De mi biblioteca personal a mi reducida biblioteca virtual, este testimonio que nos muestras, una vez más, las posibilidades del medio y lo que nos resta esperar de todo aquel que gobierna o aspira a hacerlo, más allá de su color político.  


viernes, 21 de diciembre de 2012

Dibujantes Argentinos del Siglo XX. Roberto Páez.

“(El arte) es tan natural que todos deberíamos participar. En todo caso, lo antinatural sería no participar. Por eso no creo en la necesidad de público (…) Ahora, si el arte es un hecho natural, no existe el fracaso. Si a vos te gusta dibujar, el fracaso es no dibujar. Pero triunfás si te ponés nervioso, si sufrís porque las cosas no te salen. También fracasás si del vamos querés tener un modelo a seguir, que te pueda sacar de cualquier apuro.”



(…) se niega a hablar de sus trabajos como “su obra”.

“Me suena pretencioso, y no lo digo por hacerme el puro. Lo siento así. Prefiero hablar de “mi laburo”. Obra es la de otra gente a la que yo considero como creadores, pero esa palabreja no puedo usarla para definir lo que yo hago. En todo caso, eso lo tienen que juzgar los demás”.



Roberto Páez, en la revista Raf N°7 (agosto 1994)


"Corría la primera mitad de los setenta, dos mujeres hacían sus primeros palotes como art-dealers (no se llamaban así en aquellos años) y andaban buscando obra gráfica para armar un porfolio y ofrecerlo en Brasil.
Se acercaron hasta el taller de Roberto Páez, en Paraguay y San Martín, que accedió amablemente a mostrarles sus grabados y dibujos.
Allí estaban algunas de sus series del Martín Fierro y del Quijote, mezcladas con las imágenes alucinadas de juguetes inocentes y siniestros, cuando una de estas mujeres exclamó: ¡Ay! ¿no tenés algo con color?
Páez las miró detenidamente y juntó ambas manos cerrando la carpeta.
– Hoy es un día precioso – dijo- Tomemos un café y hablemos de otra cosa – y dió por concluida la entrevista."


Anécdota narrada por Eduardo Iglesias Brickles, en su blog "Testigo Ocular"















viernes, 14 de diciembre de 2012

Eduardo Iglesias Brickles

Me enteré ayer, fortuitamente: murió el artista plástico Eduardo Iglesias Brickles el 5 de diciembre pasado, a los 68 años.

No sospeché nada; nada sabía de su enfermedad. Sí que su blog (del que soy asiduo lector) seguía actualizándose periódicamente y que al artículo de Gorriarena -que ahora sé, fue su último post publicado en vida- le siguieron otros tantos. Armando una entrada sobre Roberto Páez, recordé una anécdota contada por EIB que, me pareció, agregaría una cuota de humor a las duras imágenes del dibujante. Así, con el buscador de internet, llegué a la noticia.

Ahí nomás decidí adelantar algo que haría en meses, llevando su libro al escaner.

Innegable lo particular de la imagen de Don Iglesias Brickles, de esas xilografías iluminadas y sus "xilopinturas" como suerte de reconciliación entre dos lenguajes aparentemente opuestos como la pintura y el grabado en madera.
Según sus palabras, en su obra "hay citas de todos los artistas que admiro y entre ellos están Max Beckmann, Otto Dix, Gauguin, De Chírico y Berni. Una lista incompleta si se tiene en cuenta las influencias que he recibido de Aída Carballo, Roberto Páez, David Hockney, Mimo Paladino, José Clemente, de la gráfica soviética revolucionaria, del pop con Jasper Johns y Rauschenberg a la cabeza, de la gráfica argentina de los cuarenta y cincuenta, Hugo Pratt y Breccia, de mi trabajo de diagramador en diarios y revistas durante veinticinco años, de Gilbert y George, sin olvidar a mis admirados muralistas mexicanos, ni tampoco del art brut y del arte de los primitivos, además del arte de los locos y el de los niños"

No puede pasarse por alto, al hablar de él, sus agudos escritos y su manejo de las palabras, que hacían placentero leer cada una de sus columnas. 

Destaco la labor pedagógica de su blog, en lo que a mí respecta. A partir de la lectura de sus artículos, descubrí o puse la mira en determinados artistas o críticos de arte (Malevich, John Sloan, Alice Neel, Richard Lindner, Guy Deboard, Avelina Lésper, entre los primeros que acuden a mi memoria); conocí un poco más sobre el panorama artístico vernáculo y alguno de sus protagonistas; aprendí también, la vacuidad de muchas de las propuestas del neo-conceptualimo y admiré que alguien del mundo de la plástica dedicara líneas para hablar de Steinberg, Crumb, Pratt o Breccia.
Espero algún día hagan un bello libro compilando sus artículos; al menos, ese deseo pude expresárselo en su momento.


Queda su "Testigo Ocular" y queda su obra visual. No es poca cosa.
 

Link a un imperdible video en que vemos a Don Iglesias Brickles manos a la obra.

Abajo, un sucinto repaso por algunos de sus grabados y xilopinturas tomados del libro "Iglesias Brickles", publicado por Asunto Impreso Ediciones en 2005. 














sábado, 8 de diciembre de 2012

César López Claro. Catálogo CCR

Este libro llegó a mis manos un poco de casualidad, hace al menos un par de años y fue otra de esas gratas sorpresas que cada tanto acaecen. 
Pertenece, según lo poco que he podido ver de López Claro, a un período particularmente fructífero de su carrera, en el que integra -en su serie "Los Inundados"- algunas de las inclinaciones estéticas de etapas anteriores con excelentes resultados. Decidí desempolvar el catálogo de su muestra en el Centro Cultural Recoleta,  para rescatar desde acá su obra, por la presencia del dibujo, lo interesante de sus técnicas mixtas, su exploración con los materiales y po rsu figura, ligada indisociablemente al contenido de cada tela, afín a este espacio. 


Una breve muestra del interior.
(más abajo, el link de descarga)






Link de descarga al libro "César López Claro en el CCR."

sábado, 1 de diciembre de 2012

domingo, 25 de noviembre de 2012

George Grosz. Los Años de Berlín.











"Realista como soy, me sirvo de la pluma y el pincel principalmente para dibujar lo que veo y observo, y eso casi nunca es romántico, sino prosaico y poco placentero. El diablo sabe cómo ocurre: si uno mira con atención, hombres y objetos aparecen miserables, desagradables y, frecuentemente, absurdos o ambivalentes. Mi observación crítica siempre es una suerte de pregunta sobre el sentido, el fin y el objeto... pero rara vez hay una respuesta satisfactoria. Por eso hago mis dibujos a modo de respuesta. ¡Sobrios y sin secreto! Así pasan los hombres unos al lado de otros... donde estuvieron quedan lugares vacíos; con los medios de que dispongo intento captar esto".

George Grosz


El viaje a Rusia y sus consecuencias. 1922 (Extracto)

En 1921 aparecieron en la Editorial Malik catorce relatos de Martín Andersen Nexö con doce dibujos de Grosz titulados Passagiere der letzten Plätze [Pasajeros de las últimas plazas]. El autor y el ilustrador donaron sus derechos a la Ayuda de los Artistas contra el Hambre en Rusia. Desde la Revolución Rusa de 1917, este inmenso imperio atraía cada vez más el interés de los círculos intelectuales occidentales. Ya en 1914 se había escindido del SPD el Grupo Internacional, denominado Spartakus desde ene­ro de 1916, bajo la dirección de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, con el fin de pri­var de todo apoyo a la política bélica alemana y fomentar la lucha de clases interna­cional contra la guerra. En noviembre de 1918 se fundó la Liga de los Espartaquistas y el 31 de diciembre de 1918 el Partido Comunista Alemán. Ese mismo día ingresa­ron en el partido John Heartfield, Wieland Herzfelde y George Grosz.
 Los tres habían puesto grandes esperanzas en el proletariado revolucionario; Rusia era el modelo y la revolución mundial el objetivo declarado. Cuando Rusia sufrió una gran hambruna en 1921, se formó espontáneamente en Berlín el comité de Ayuda de los Artistas contra el Hambre en Rusia, dirigido por Käthe Kollwitz, George Grosz, Alfons Paquet y Arthur Holítscher, y con Erwin Piscator como secretario.

En el verano de 1922 emprendió un viaje de cinco meses por Rusia con el escritor da­nés Martin Andersen Nexö (…) a invitación del Partido Comunista de la URSS. Nexö escribiría un libro sobre Rusia y Grosz realizaría las ilustraciones.

Tras las complicaciones iniciales pudieron continuar el viaje y, después de un excitante viaje en tren por la misteriosa, odiada y amada Ru­sia, llegaron a Leningrado. Los funcionarios y comisarios del pueblo aprovecharon la llegada de Grosz y Nexö para reunir a un pequeño grupo de escritores y artistas ex­tranjeros y discutir el proyecto de un acercamiento cultural entre los escritores de la Unión Soviética y los escritores simpatizantes de los países occidentales. Después viajaron a Moscú -audiencia y apretón de manos con Lenin y sus secretarios Bucharin y Radek, dos visitas a Tatlin- y a Leningrado, desde donde un vapor les llevó a Stettin. Grosz y Nexiö se distanciaron durante el viaje.

En su autobiografía “Hin kleines Ja und ein grosses Nein” Grosz describe detenidamente sus impresiones: Mi viaje no fue ningún éxito. No me desilusioné, pero tampoco se puede decir que me agradara lo que había visto. No me pude sacar en Rusia la paja que tenía entonces en los ojos cuando veía a los países capitalistas. No era un país para mí y para mi arte, eso lo percibía claramente. Y como no era un proletario, tampoco po­día "liberarme" allí. Me pueden oprimir, prohibir mis obras, hacer pasar hambre o casti­gar físicamente, pero no pueden sojuzgar mi espíritu. A las ideas no se les puede ence­rrar en campos de concentración, lo mismo que a las imágenes no se las puede encerrar en mi cabeza, y eso me excluye como seguidor de cualquier liberador de las masas. No siento ninguna simpatía, sino una profunda desconfianza, por la política de los super­hombres.

En 1923, tras su viaje a Rusia, Grosz abandonó el Partido Comunista. No sólo le ha­bía desilusionado el viaje. Grosz era demasiado escéptico para creer sin reservas en el comunismo practicado por Moscú, con su conciencia de estar cumpliendo una mi­sión, e interpretaba con asombrosa lucidez los signos de su tiempo: ¡A la izquierda se reparten golpes lo mismo que a la derecha! ... No soy ni un idealista ni un inocente so­ñador de los de Rolland. Si hubiera llegado el comunismo... (lo que era completamente imposible, por supuesto), sólo supongamos,... habría mil veces más emigrantes en los pa­íses vecinos. Todo es una lucha brutal y absurda por el poder.. y a mí sencillamente me falta la fe para imaginarme un mañana tan hermoso con ángeles. La derecha y la iz­quierda siempre están diciendo memeces sobre un "mañana" mejor. Se acabó... ¡Basura! ¡Mierda!... el que está abajo también está abajo en la patria del proletariado. El que es­tá arriba, pues está arriba y puede mandar ¡Se acabó! No soy un idealista, escribía a su amigo Max Herrmann-Neisse desde su exilio en Nueva York, y: ...creéme, querido Max,... si mañana la bandera fuera roja no lo notarías... los mismos aduladores y rastre­ros, el mismo culto al poder, la misma sumisión,... ejecuciones, torturas, expediciones de represalia... etc., exactamente lo mismo...en cualquier caso el hombre pequeño tiene que obedecer.
 
Texto del libro "George Grosz. Los años de Berlín." de Ralph Jentsch. Electra, 1997.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Los Artistas del Pueblo. 1920 - 1930. Última Parte














Abraham Vigo regresa con su lámpara.

(No fue un copista de la realidad; fue un intérprete. Siempre buscó, a su manera, la síntesis expresiva y la esencia poética. Esto lo vinculó, en su hora, al movimiento de los innovadores formales, a las llamadas "técnicas de vanguardia".)

Abraham Vigo... ¿Dónde estás ahora?
¿En qué esquina del tiempo, en qué ventana, 
bajo qué intensa lámpara
te inclinarás sobre la severa
y fina arquitectura del grabado?
¿Qué hablaste con las nubes, los albatros, 
las golondrinas que no han vuelto,
la parte de la luna que no podemos ver 
y los árboles de la otra vereda
en el hondo suburbio de la muerte?

Lo evoco en las esquinas de la barriada lúcida, 
de perfil combatiente
y ese su aire grave y fraternal
frente a un telón de bohardilla y fábrica 
o en el mesón curtido de vino varonil
y los cielos baratos.

Lo recuerdo en la Boca marinera y llovida 
y en el Parque Patricios, de tristeza de lata, 
con Riganelli y con Facio Hebequer, 
tuteando a la aurora.
Hablándole de vos a la esperanza.

¡Cómo amaba a su oficio silencioso y nocturno! 
Pero antes había recogido en la calle,
en la lucha, en la vida, en la demora
de aquello que vendrá
y en el vasto rumor y los dolores vastos, 
la rosa popular y la estrella recóndita.
Casi traslúcido,
¿qué fuerza singular lo mantenía en pie?
El amor a sus gentes, al hombre, a la magia 
sutil de su herramienta,
al esplendor de la vigilia larga.

Y un día el fuego devoró su fuego.
Ahora sus cenizas, con las de Ariel, discurren 
en el sitio remoto donde no está el olvido. 
Y cuando hay que defender un sueño

Abraham Vigo regresa con su lámpara.

Raúl González Tuñón.

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Prólogo en serio (Imitación del Dante)

Esto que veis, señoras y señores,
son las obras profundas y genuinas
del más ilustre de los grabadores.

Ante todo su nombre, con rotundas
letras de molde: Abraham Regino Vigo.
¡Aplaudid con palmadas tremebundas!
(y sea Dios con vosotros y... conmigo).

(…)

A manera de epilogo:

Yo, señores, soy testigo:
cuando graba un aguafuerte,
¡cuánto, cuánto se divierte
el maestro Vigo!
Cuando hace xilografia,
qué alegría.
Y si es una punta seca,
salta cual gallina clueca.

(¡Lástima que cuando se levanta a mediodía,
qué bronca trae, mama mía...!)

Ovillejo

Sus grabados quedarán,
Abraham,
y será muy alto el destino,
Regino,
puesto que yo se lo digo,
Vigo,
acepte pues de su amigo
un abrazo a lo Tarzán,
Abraham Regino Vigo.

Julio Cortázar.