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martes, 22 de septiembre de 2015

Félix Vallotton. Pinturas

(..y algún que otro dibujo) La obra pictórica de este gran artista no es desconocida; con un par de clicks son fácilmente rastreables por internet más pinturas de las que pueden hallarse en los museos de Europa. No es un motivo suficiente para privar a los lectores de este modesto espacio de su producción al margen del grabado; ni de compartir extractos de un interesante artículo de Juan Forn ya citado en alguna vieja entrada dedicada a este suizo recurrente. 

"(...) la crítica no logra entender por qué, siendo Vallotton un maestro absoluto del grabado, prefiriera ser pintor. Cuando Vallotton murió, en París, en 1925, dejó más de 1700 cuadros y apenas doscientos grabados, realizados todos ellos en dos breves períodos de su vida: cuando de joven ilustraba a pedido para diarios y revistas anarquistas de toda Europa, y veinte años después, cuando volvió de la Guerra del ’14 con una serie impresionante de grabados que tituló “Esto es la guerra”. Sabemos que Vallotton pintó exactamente 1712 cuadros en su vida porque desde su juventud hasta su muerte llevó un minucioso inventario de su obra en un cuaderno de tapas de cuero (en cuya cubierta había hecho grabar en letras doradas la frase Registro de la Razón). De los grabados, en cambio, no dejó registro.

La gran mayoría de esos cuadros hoy está en manos privadas (y en muchos casos anónimas; es decir, imposibles de rastrear). No hay museo en el mundo que tenga más de dos cuadros de Vallotton, y por lo general pasan más tiempo en el depósito que exhibidos o prestados para una exhibición en otro museo.

Quizá fue debido a esa dispersión que pasaron más de ochenta años desde la muerte de Vallotton hasta la primera retrospectiva de su obra, que se hizo el año pasado, en la Kunsthaus de Zurich (y de ahí fue a Hamburgo, y de ahí a Bruselas, y ahora está en Amsterdam). Y sólo lograron reunir para esa retrospectiva noventa cuadros, de los mil setecientos que pintó Vallotton en su vida.
Además de recriminarle que abandonara el grabado, la crítica supo ser despiadada con la pintura de Vallotton. El lugar común es decir que pintó los peores desnudos de su época. Que sus paisajes son impecables pero inertes (“no se siente ni el viento”). Que sus escenas de interior (unificadas por él mismo con el título Intimités) parecen “pintadas por un policía”: sin la menor alegría, como un forense que junta evidencia. Durante años, en los ateliers parisinos de enseñanza se precavía a los estudiantes acerca de la llamada Ley Vallotton, según la cual cuanta menos ropa se les pone a las figuras de un cuadro, peor quedan.

Vallotton mereció la admiración de colegas tan disímiles como Klimt y el Aduanero Rousseau, Munch y un jovencito norteamericano llamado Edward Hopper (quien, después de ver una muestra de las Intimités en París, volvió a su país con el propósito de pintar los dramas secretos de los habitantes de las grandes ciudades norteamericanas tal como Vallotton había retratado a europeos anónimos en la soledad de un bar o una pensión o de sus propias habitaciones). Pero la crítica francesa sigue sin perdonarle a Vallotton que prefiriese pintar en lugar de seguir haciendo sus fabulosos grabados."
 










domingo, 9 de noviembre de 2014

Félix Vallotton. Dessinateur de Presse.

 "Dessinateur de Presse" incluye la casi totalidad de ilustraciones que el artista suizo realizó para diversos periódicos; con una gran carga satírica en sus grabados, llega al límite en la serie "Crimes et Châtiments" originalmente publicadas en la revista anarquista "L"assiette au Beurre" a comienzos del siglo pasado. El libro recupera esas estampas litografica de audaz humor y crítica, aunque en el camino los editores olvidaron que el autor las concibió con acentos de color. Aún así, la belleza de la obra de Félix Vallotton no merma por este detalle. Algunas muestra en baja resolución (las digitalicé en 2500 x 3500 píxeles aproximadamente) y el consiguiente enlace.










"Un día le preguntaron al dibujante y caricaturista Jean-Louis Forain dónde exponía sus obras y respondió: “en los quioscos”. Daumier y Vallotton, siendo pintores imprescindibles en los museos, fueron grandes maestros del periodismo gráfico, de la prensa satírica y de su medio por antonomasia, la litografía.(...)

Ha sido una idea excelente emplazar, en medio de esta amplia muestra de Daumier, una sala con 22 litografías del suizo Félix Vallotton (1865-1925), muy distante en estilo de Daumier, pero genuino heredero de su odio al burgués. Las litografías de Vallotton expuestas aquí aparecieron en la revista anarquista L"assiette au beurre en los primeros años del siglo XX. “Avoir l"assiette au beurre” significa “tener la sartén por el mango” o algo así, y la revista atacaba ferozmente a los pilares e instrumentos del orden social: patronos, sacerdotes, jueces, policías.

En las estampas de Vallotton sólo existen dos clases: las víctimas (el proletario, la mujer, el niño) y los verdugos (entre los cuales pueden distinguirse las bestias humanas y quienes las mandan, los respetables propietarios y funcionarios). En cada estampa, una manifestación distinta de la misma violencia general: el gendarme tortura al detenido, el cura azota al niño, el marido apalea a su mujer, el propietario dispara sobre el intruso. Cada viñeta lleva una breve frase que resume y comenta la situación, poniendo en juego no la prédica y el sentimentalismo sino un despiadado humor negro. Un automóvil aplasta a una niña, y un gendarme advierte al otro: “Saluda primero, que es el auto de la Prefectura”. Un orondo propietario con escopeta se justifica ante el guardia que levanta el atestado: “¡Está muerto, de acuerdo! Pero ¿estaba o no estaba en mis tierras?”. (Este humor negro de inspiración política radical tiene hoy entre nosotros un heredero extraordinario, El Roto, en las páginas de El País).

El estilo de las estampas de Vallotton corresponde a la estructura del mundo social dividido que en ellas se denuncia: a base de contornos sintéticos y contrastes tajantes, con grandes manchas negras compactas. Ese estilo no brota de la litografía; Vallotton lo ha importado de sus grabados en madera de los años 90 (pioneros de una gran rehabilitación de la xilografía, que tanto influiría en los expresionistas alemanes). Las audacias de la mise en page recuerdan a las estampas japonesas (que Vallotton coleccionaba), a los compañeros nabis, a ciertos ilustradores art nouveau. Pero Vallotton pone todos los recursos del lenguaje gráfico moderno, a veces tan elegantes, al servicio de un significado: la asimetría y la composición en diagonal expresan una vida social desigual e inestable, los escorzos forzados y las figuras cortadas por el marco declaran la intensidad de la violencia imperante."



Guillermo Solana

Félix Vallotton. El Nabí Suizo. Centro de Arte Y Comunicación. Actualización.

"Reescaneé" y resubí el libro de Félix Vallotton, "El Nabí Suizo" con imágenes de mayor resolución (2000 x 2700 píxeles) y en forma de descarga directa, corrigiendo el error de digitalización de las anteriores entradas, consecuencia de mi antiguo escaner.






"“(…) la crítica no logra entender por qué, siendo Vallotton un maestro absoluto del grabado, prefiriera ser pintor. Cuando Vallotton murió, en París, en 1925, dejó más de 1700 cuadros y apenas doscientos grabados, realizados todos ellos en dos breves períodos de su vida: cuando de joven ilustraba a pedido para diarios y revistas anarquistas de toda Europa, y veinte años después, cuando volvió de la Guerra del ’14 con una serie impresionante de grabados que tituló “Esto es la guerra”. Sabemos que Vallotton pintó exactamente 1712 cuadros en su vida porque desde su juventud hasta su muerte llevó un minucioso inventario de su obra en un cuaderno de tapas de cuero (en cuya cubierta había hecho grabar en letras doradas la frase Registro de la Razón). De los grabados, en cambio, no dejó registro" 


Juan Forn

martes, 2 de agosto de 2011

Félix Vallotton. El Nabí Suizo. Centro de Arte Y Comunicación. Última Parte.

Última entrega del trabajo de Félix Vallotton, entrañable maestro de la xilografía, cuya labor como pintor no deja de sorprender. Recomiendo fervientemente la serie de retratos realizadas por el artista suizo entre los que se incluyen Bakunin, Lautréamont, Herzen, Rimbaud, Jarry y Beardsley -entre otros- para comprobar su habilidad como dibujante, retratista y grabador. 
(Comentario al márgen, cada vez que veo las historietas de Minaverry, no paro de pensar en Vallotton… ).


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"“(…) la crítica no logra entender por qué, siendo Vallotton un maestro absoluto del grabado, prefiriera ser pintor. Cuando Vallotton murió, en París, en 1925, dejó más de 1700 cuadros y apenas doscientos grabados, realizados todos ellos en dos breves períodos de su vida: cuando de joven ilustraba a pedido para diarios y revistas anarquistas de toda Europa, y veinte años después, cuando volvió de la Guerra del ’14 con una serie impresionante de grabados que tituló “Esto es la guerra”. Sabemos que Vallotton pintó exactamente 1712 cuadros en su vida porque desde su juventud hasta su muerte llevó un minucioso inventario de su obra en un cuaderno de tapas de cuero (en cuya cubierta había hecho grabar en letras doradas la frase Registro de la Razón). De los grabados, en cambio, no dejó registro" 


Juan Forn


"Un día le preguntaron al dibujante y caricaturista Jean-Louis Forain dónde exponía sus obras y respondió: “en los quioscos”. Daumier y Vallotton, siendo pintores imprescindibles en los museos, fueron grandes maestros del periodismo gráfico, de la prensa satírica y de su medio por antonomasia, la litografía.(...)

Ha sido una idea excelente emplazar, en medio de esta amplia muestra de Daumier, una sala con 22 litografías del suizo Félix Vallotton (1865-1925), muy distante en estilo de Daumier, pero genuino heredero de su odio al burgués. Las litografías de Vallotton expuestas aquí aparecieron en la revista anarquista L"assiette au beurre en los primeros años del siglo XX. “Avoir l"assiette au beurre” significa “tener la sartén por el mango” o algo así, y la revista atacaba ferozmente a los pilares e instrumentos del orden social: patronos, sacerdotes, jueces, policías[1].

En las estampas de Vallotton sólo existen dos clases: las víctimas (el proletario, la mujer, el niño) y los verdugos (entre los cuales pueden distinguirse las bestias humanas y quienes las mandan, los respetables propietarios y funcionarios). En cada estampa, una manifestación distinta de la misma violencia general: el gendarme tortura al detenido, el cura azota al niño, el marido apalea a su mujer, el propietario dispara sobre el intruso. Cada viñeta lleva una breve frase que resume y comenta la situación, poniendo en juego no la prédica y el sentimentalismo sino un despiadado humor negro. Un automóvil aplasta a una niña, y un gendarme advierte al otro: “Saluda primero, que es el auto de la Prefectura”. Un orondo propietario con escopeta se justifica ante el guardia que levanta el atestado: “¡Está muerto, de acuerdo! Pero ¿estaba o no estaba en mis tierras?”. (Este humor negro de inspiración política radical tiene hoy entre nosotros un heredero extraordinario, El Roto, en las páginas de El País).

El estilo de las estampas de Vallotton corresponde a la estructura del mundo social dividido que en ellas se denuncia: a base de contornos sintéticos y contrastes tajantes, con grandes manchas negras compactas. Ese estilo no brota de la litografía; Vallotton lo ha importado de sus grabados en madera de los años 90 (pioneros de una gran rehabilitación de la xilografía, que tanto influiría en los expresionistas alemanes). Las audacias de la mise en page recuerdan a las estampas japonesas (que Vallotton coleccionaba), a los compañeros nabis, a ciertos ilustradores art nouveau. Pero Vallotton pone todos los recursos del lenguaje gráfico moderno, a veces tan elegantes, al servicio de un significado: la asimetría y la composición en diagonal expresan una vida social desigual e inestable, los escorzos forzados y las figuras cortadas por el marco declaran la intensidad de la violencia imperante."


Guillermo Solana

















Fuentes.



[1] Me entrometo en el texto de Solana para señalar a Clifford Harper, quien destaca en este sentido su serie de litografías tituladas “Crímenes y Castigos”.

viernes, 18 de marzo de 2011

Félix Vallotton. El Nabí Suizo. Centro de Arte Y Comunicación. Primera Parte.


















El interesante blog de Eduardo Iglesias Brickles (EIB), subió hace algún tiempo un artículo sobre Vallotton. Me exime de escribir unas palabras elocuentes, y nos posibilita acceder a la mirada de un artista sobre otro artista.

"El grabador y pintor Felix Vallotton es lo que comúnmente se juzga como un artista de segunda fila. Es decir figura en la historia del arte, pero como un actor de reparto.
Los grandes museos no lo incluyen en sus catálogos y los libros de historia no se animan a ponerlo como lo que era: un solitario y un individualista. Por eso está catalogado como un pintor “Nabie” o un simbolista.
La biografía de Félix Vallotton que encontramos suele ser simple. Pintor de origen suizo (1865-1925) fallecido en París. Expuso con los Nabies, y se advierten en él las influencias de Degas y del arte japonés. Fue amigo de Maillol y compartió su gusto por las mujeres macisas.
Su autorretrato de 1890 nos describe a un joven severo, algo melancólico, y no sería nada raro que también fuera un poco neurótico.
Amigo de Mallarmé, era un apasionado de la literatura, dejó un “Journal” y una novela ilustrada por sus propias xilografías.
En el catálogo de su obra se reseñan mil trescientos diecinueve cuadros.
Por otro lado no toleraba a los impresionistas, cuya pintura le parecía “imitativa, epidérmica y de una insoportable apariencia atmosférica”.
Justamente, en 1890 creía que había que reconquistar para la pintura la realidad en su integridad, limpiándola de la corrosión atmosférica y de las neblinas en que la había envuelto el impresionismo.
En el camino de apartarse lo más posible de la pintura de “impresiones” se acercó a Cèzanne por un lado y al aduanero Rousseau por el otro. Éstos no podían ser dos artistas más diametralmente opuestos. Pero para Vallotton representaban el camino de regreso a las cosas mismas.
Su inclinación natural fue para el lado de Rousseau, aunque siempre guardó para Cezanne la más alta reverencia.
Tengo la sensación que en el arte de Vallotton algo que no encaja, que se sale de su época. Se podría decir que es un precursor no reconocido de la Nueva Objetividad alemana y a nadie le parecería irrazonable. Ahondando en esa línea de pensamiento, se podría agregar que en Vallotton están los gérmenes de Hopper y del pop de los años sesenta."

Fuente: http://weblogs.clarin.com/revistaenie-testigoocular/?s=felix+vallotton
Blog: http://weblogs.clarin.com/revistaenie-testigoocular/