"Yo no soy ni un sabio ni un filósofo, ni siquiera
un escritor de oficio. He escrito muy poco en mi vida y solamente lo he hecho,
por decirlo así, a pelo, cuando una convicción apasionada me forzaba a vencer
mi repugnancia instintiva contra toda exhibición de mi propio yo en público.
¿Quién soy yo, pues? y ¿qué es lo que me impulsa ahora a publicar este trabajo?
Yo soy un buscador apasionado de la verdad y un enemigo, no menos apasionado,
de las ficciones desgraciadas con que el partido del orden, ese representante
oficial, privilegiado e interesado en todas las torpezas religiosas,
metafísicas, políticas, jurídicas, económicas y sociales, presentes y pasadas,
pretende servirse, todavía hoy, para dominar y esclavizar al mundo. Yo soy un
amante fanático de la libertad, a la que considero como el único medio, en el
seno de la cual pueden desarrollarse y agrandarse la inteligencia, la dignidad
y la felicidad de los hombres... La libertad que consiste en el pleno
desarrollo de todas las potencias materiales, intelectuales y morales que se
encuentran latentes en cada uno... Yo entiendo esta libertad como algo que,
lejos de ser un límite para la libertad del otro, encuentra, por el contrario,
en esa libertad del otro su confirmación y su extensión al infinito; la libertad
limitada de cada uno por la libertad de todos, la libertad por la solidaridad,
la libertad en la igualdad; la libertad que triunfa de la fuerza bruta y del
principio de autoridad, que no fue nunca más que la expresión ideal de esta
fuerza... Yo soy partidario convencido de la igualdad económica y social,
porque sé que, fuera de esta igualdad, la libertad, la justicia, la dignidad
humana, la moralidad y el bienestar de los individuos, así como la prosperidad
de las naciones no serán nunca nada más que mentiras”. —
"A mi
juicio está claro que el sufragio universal constituye la manifestación más
amplia, y al mismo tiempo más refinada, de la charlatanería política estatal;
es sin duda alguna un instrumento peligroso, que exige de quienes lo utilizan
una gran habilidad y competencia, pero que al mismo tiempo, si esas personas
aprenden a utilizarlo, puede convertirse en el medio más seguro para hacer que
las masas cooperen a la construcción de su propia cárcel."
"Quien
dice poder político dice siempre dominación. Y donde existe la dominación, una
parte más o menos considerable del pueblo está condenada a ser dominada por
otros. Por lo mismo, es bastante natural que quienes estén dominados detesten a
los dominadores, y que los dominadores deban reprimir y en consecuencia oprimir
necesariamente a quienes les están sometidos. Tal ha
sido la eterna historia del poder político desde el momento mismo de
establecerse en este mundo. Esto explica también por qué y cómo hombres
demócratas y rebeldes de la variedad más roja mientras formaban parte de la
masa del pueblo gobernado, se hicieron extremadamente conservadores cuando
llegaron al poder. Por lo general, estos retrocesos suelen atribuirse a la
traición. Pero es una idea errónea; en su caso, la causa dominante es el cambio
de posición y perspectiva. Convencido
de esta verdad, puedo decir sin miedo a ser desmentido que si mañana hubiera de establecerse un gobierno o un consejo
legislativo, un Parlamento compuesto exclusivamente de trabajadores, los
obreros mismos que ahora son firmes demócratas y socialistas se convertirían en
aristócratas no menos determinados, adoradores audaces o tímidos del principio
de autoridad, y que también se transformarían en opresores y explotadores."
"Todo gobierno
tiene un doble objetivo. Uno, el principal y declarado abiertamente,
consiste en mantener y fortalecer el Estado, la civilización y el orden
civil, es decir, el dominio sistemático y legalizado de la clase
dirigente, sobre el pueblo explotado. El otro objetivo, que es
igualmente importante para el gobierno, aunque no se declare tan
abiertamente, es la conservación de sus privilegios estatales exclusivos y de su persona".
"(...) No hay horror, crueldad, infame transacción, impostura, robo cínico, saqueo desvergonzado y sucia traición que no hayan sido o que no sean cotidianamente realizados por los representantes de los Estados, sin otra excusa que esta palabra clásica, a la vez tan cómoda y tan terrible: ¡La razón de Estado! En cuanto se pronuncia,todo es callado, todo cesa (...) lo negro se vuelve blanco y lo blanco negro, lo horrible, humano y las más cobardes felonías, los crímenes más atroces se convierten en actos meritorios".
“Mientras exista una clase inferior, perteneceré a ella.
Mientras haya un elemento criminal, estaré hecho de él. Mientras permanezca un
alma en prisión, no seré libre.”
Hace un año -el 20 de Mayo de 2013- fallecía el artista Flavio Costantini; hace más de dos que sus libros me son esquivos -razón por la que aún no había aparecido en el blog- y hace casi tres que se convirtió -para mí- en un plástico de particular interés. Interés por los temas, por el itinerario, por los protagonistas. Desde los terroristas rusos decimonónicos, pasando por los ilegalistas franceses y la propaganda por el hecho de principios de siglo pasado, la obra del italiano es una clase de la historia oculta de las luchas sociales; Francisco Ferrer I Guardia, Néstor Makhno, Gaetano Bresci; muchos son los nombres del violento apostolado revolucionario de fines del siglo XIX y comienzos del XX que Costantini imprime en sus témperas. Puedo destacar también el original aspecto visual, pero dejemos que su trabajo hable por sí mismo. Internet ofrece alguna de sus obras, por lo general, en definiciones poco generosas e imágenes dudosamente fidedignas. Por suerte alguien tuvo el buen tino de subir parte de su producción, con contextualización en cada imagen, de forma más que decente. Comparto el enlace. El grueso de lo que sigue corresponde -al parecer- al libro "El Arte de la Anarquía". El resto, material que compilé en azarosas búsquedas virtuales. (Cada archivo tiene por título referencias al episodio histórico al que alude).